El Blog de Happy Change

Un espacio compartido para crecer, mejorar, superarnos y mirar la vida con optimismo. Desde aquí queremos acompañarte en esas situaciones cotidianas que nos invitan a reflexionar y a plantearnos si hay formas diferentes de afrontarlas.

Queremos ayudarte a 'limpiar las gafas de mirar la vida para que entre más luz'. Queremos animarte constantemente: 'Crece, supérate, cree en ti, pon en juego tus posibilidades y, sobre todo, no te olvides de ser feliz'

No agitar antes de abrir

2020-02-10 09:36:32
Happy Change Team



Acabamos de finalizar la cumbre del clima de Madrid sin grandes acuerdos, pero con la visión cada vez más clara de que es urgente actuar. Sucede que este mundo nuestro se empeña en vomitar toxinas sin reparo alguno en forma de gases, partículas y demás lindezas a la atmósfera, el escudo protector de la vida en el planeta. Dado el volumen y la velocidad a la que esto sucede, nuestra piel gaseosa es incapaz de gestionarlo y la consecuencia es el dichoso efecto invernadero: un aumento de temperatura progresivo que ya es evidente a nivel global. Si antes pensábamos que era un problema sólo para los pingüinos y los osos polares, ahora ya tenemos claro que nos afecta a todos: últimamente el clima parece haberse vuelto loco: inundaciones de record, vientos huracanados, tormentas épicas, incendios de proporciones gigantescas… Cada vez “hay menos otoño y primavera” y pasamos del calor achicharrante a los gélidos inviernos.

 

¡Enhorabuena, esta generación ha inventado el Primaverno y el Veroño!

 

¿Te has parado a pensar cómo cada persona, a pequeña escala, experimenta un proceso prácticamente idéntico? ¿Has perdido los papeles en alguna ocasión, estallando apoteósicamente y llevándote todo por delante, como un huracán de esos que ya pueden asomar por cualquier punto de la geografía? Y después para rizar el rizo ¿Te has sentido fatal, arrepentid@ por lo que dijiste o hiciste, sin poderte quitar de encima ese pegajoso sentimiento llamado “culpabilidad”?

 

¿Por qué nos sucede esto?

¿Podríamos evitarlo o al menos controlarlo en alguna medida?

 

Los estallidos emocionales no aparecen de la nada ni de repente. Nos sucede como al planeta: cada día “tragamos” pequeñísimas partículas tóxicas: hoy es una mala cara de mi pareja, mañana una jugarreta en el trabajo, al día siguiente un gesto de un ser querido que me duele, el eterno pulso con mi hij@ adolescente… Durante cierto tiempo funciona “tragar”, “ceder”, “quitar importancia, “todo por la paz o por evitar conflictos…” No digamos si encima estamos en estos tiempos navideños, en los que el buen rollo, la sonrisa y la bondad son los únicos con invitación oficial a la fiesta (la envidia, el hartazgo, el estrés o el enfado no están invitados, aunque suelen colarse de alguna manera).

Puede que sigamos “tragando” creyendo que es lo mejor, sin darnos cuenta de que dentro de nosotros se está gestando la tercera guerra mundial en miniatura. Hasta que llega el día en el que el límite se supera, ese día en el que “no puedo más…” Entonces mis emociones se desatan sin control, afloran sin permiso y se toman la revancha: estallo de manera estrepitosa y destructiva, puede que hasta dinamite algún bienintencionado evento navideño haciéndolo saltar por los aires ¡Faltaría más!

 

¿Hay alguna alternativa para no armar este estropicio?

¿Qué estrategias pueden ayudarnos a no pulsar el dichoso “botón rojo”?

 

Aunque cada cual tiene que encontrar las suyas, mira a ver si algo de esto te ayuda:

         * Suelta la autoexigencia exagerada: ¿dónde está escrito que siempre tengas que estar bien? Si no lo estás permítetelo sin hacer un drama ni castigarte por no ser “perfect@ y equilibrad@” ¡Nadie lo somos!

 

         * Permítete sentir lo que sientes: ¿estás enfadad@? Reconoce que lo estás ¿Ese comentario te ha herido? Permítete sentir la herida. No funciona esconder la basura debajo de la alfombra por sistema. “Te sientes como te sientes”, seguramente no puedes evitarlo; lo que siempre puedes elegir es “cómo actuar en consecuencia”. Ahí sí: tú eliges, así que afina.

 

           * No te quedes “las cosas dentro”, porque los sentimientos que no se comunican y que no salen fuera, se acumulan. Y cuando deciden que es hora de airearse suelen escoger el modo y el momento más inoportuno. Recuerda que quién está al mando eres tú, no ellos: busca pues el modo, el momento y la persona adecuada para expresarlos.

 

         * No hagas “como si no hubiera pasado nada” empeñándote en pasar página velozmente, porque las emociones no se extinguen por inanición. Al contrario: no paramos de dar vueltas y más vueltas al tema, lo alimentamos interiormente hasta que se convierte en un Orco, maza en mano, listo para repartir leña por doquier a la mínima.

 

          * Si algo te hiere, no es aconsejable ni la reacción inmediata ni posponer el asunto indefinidamente. Hay un intervalo intermedio de tiempo para expresar lo que sientes en su punto justo: ni demasiado crudo, ni excesivamente cocido.

 

         * Analiza el fondo de la cuestión porque en el origen de una explosión emocional siempre hay algo que te hiere: un reproche, un insulto, un comentario... Algo que vives como una agresión: pregúntate qué es lo que de esa situación “te toca tanto” y “dónde te toca”, para no confundir las cosas y enredarlas cada vez más.

 

          * No pongas tanto el foco “fuera”: no ayuda demasiado diseccionar meticulosamente lo que te dijeron o hicieron “que te hizo” explotar. En realidad, lo que sucede es que “eso que te hicieron o dijeron”, tocó una parte vulnerable de ti: si reúnes el coraje de mirar hacia dentro, seguro que encuentras la pista de un aspecto tuyo en el que te sientes insegur@ y que está pidiéndote ser trabajado.

 

  • Esta Navidad vigila para no parecerte a esas botellas de vino espumoso con el que pretendemos brindar y que en el camino han sido agitadas ¡Cuando las abrimos, más que abrirse parece que explotan!


    Tus emociones funcionan igual: si algo las agita y, de forma inmediata las dejas salir de cualquier modo, puede que se organice un verdadero desastre.


    No es prudente descorchar con prisas una de esas botellas si han sido agitadas… En cambio, si la dejamos reposar unos minutos, podemos abrirla sin problema ninguno: conservará su presión, pero será perfectamente manejable con un poco de cuidado por nuestra parte.


  • Si tu mundo emocional “se agita” por cualquier causa, déjalo reposar unos instantes y luego, descorcha con cuidado y mimo la situación con alguien de tu confianza que sepas que te comprende y no va a echar más leña al fuego.

 

¡Así podremos brindar con tu riquísimo Espumoso Emocional  

en vez de ponernos todos perdidos!


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