El Blog de Happy Change

Un espacio compartido para crecer, mejorar, superarnos y mirar la vida con optimismo. Desde aquí queremos acompañarte en esas situaciones cotidianas que nos invitan a reflexionar y a plantearnos si hay formas diferentes de afrontarlas.

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Nos separamos, pero ¿qué pasa con nuestros hijos?

2020-02-21 00:00:00
Happy Change

Separación y Divorcio


Nos separamos, pero ¿qué pasa con nuestros hijos?

Cuando una pareja toma la decisión de separarse y continuar su vida por derroteros diferentes, suele ser después de un largo camino de desencuentros, cuando no peleas, conflictos y un distanciamiento que, al final, no es posible seguir ignorando por el bien de ambos. Puede ser que los “daños colaterales” de la separación hayan frenado un tiempo la decisión, pero llegados a un punto, no es posible seguir empeñándonos en hacerle el “boca a boca” a una relación que hace tiempo terminó. Hasta aquí bien, pero si añadimos a la difícil ecuación de la separación la variable “con hijos” la cosa puede ser bastante más compleja:

“¿Cómo se lo decimos? ¿Cómo reaccionarán? ¿Qué será lo mejor para ellos? ¿Cómo complicarles la vida lo menos posible? ¿Les quedará un trauma, sentirán que les hemos fallado? Y ahora ¿qué pasa con los abuelos, los tíos y los primos?”

Mil preguntas a las que tendrá que responder cada pareja en concreto y en las que nos jugamos mucho más que el fin de la relación. Porque cuando se trata de una separación en la que hay hijos en común, la separación no es “cosa de dos” ya que genera cambios radicales en todo el sistema familiar, por mucho que nos digamos y les digamos a los hijos que “nada va a cambiar porque papá y mamá os seguirán queriendo igual siempre”. Aunque esto sea verdad, la vida les cambia a partir de ahora también a ellos ¡vaya si les cambia!, y no podemos ignorarlo:

Ø  La persona que hasta ahora hacía con ellos los deberes, o con la que compartían ciertas aficiones ya no vive en casa y notan su ausencia en esos momentos.

Ø  Su imagen de la familia como un sistema unido y seguro, casi inquebrantable, se hace añicos, y cambia de manera radical hasta que se asiente un nuevo modelo.

Ø  Quizás sea necesario cambiar de casa, y en algunos casos de colegio: distanciarse de sus amigos es poner del revés su mundo de relaciones también fuera de la familia.

Ø  Igual no van a vivir con el progenitor que les gustaría y, además, tendrán que repartir su tiempo y sus planes para repartirse con los dos, lo que supone una programación a la que no están acostumbrados.

Ø  En algunos casos el progenitor que se va está menos pendiente de su día a día, puede que hasta quede al margen de decisiones o acciones en las que antes tomaba parte.

Ø  En cuestiones cotidianas a lo mejor hay que “apretarse el cinturón” porque los gastos comunes se duplican y se hace necesario ajustar la economía doméstica.

Ø  Puede ser que uno de los progenitores quede “tocado” por la separación, y le lleve algún tiempo superarlo, con lo que tendrán que convivir con su tristeza o su enfado, lo que les resultará difícil y doloroso.

Ø  Puede llegar el momento en el que papá o mamá decidan compartir su vida con otra persona, en cuyo caso tendrán que adaptarse a una nueva realidad y a nueva familia.

¡Un auténtico tsunami para la vida de los niños y de los adolescentes! Si aún creemos que “todo va a seguir igual, porque papá y mamá os siguen queriendo” ¡Qué venga Dios y lo vea!

Por muy conflictiva que sea la separación, las dos partes quieren lo mejor para sus hijos y que este lío les afecte lo menos posible. Los que se separan están agotados después de un proceso difícil en el que cada cual ha pasado lo suyo. Pero ¿los hijos no han recorrido un camino similar, puede que en la sombra si controlamos las cosas o si son pequeños, o en el peor de los casos, metidos de lleno en el fango del conflicto cuando la situación se nos ha ido de las manos? Aunque nos hayamos esmerado, tragándonos sapos y culebras para mantenerlos al margen, algunas veces las situaciones nos habrán desbordado tanto que ni nos hemos enterado de lo que vivían ellos. O, peor aún, los hemos utilizado como arma arrojadiza para chantajear o manipular a la otra parte.

Lo sabemos bien quienes vemos a diario a niños y adolescentes que necesitan superar e integrar la separación de sus padres. Es una de las situaciones que llega con frecuencia a consulta: ese niño o adolescente, para el que papá o mamá solicitan un psicólogo, tiene últimamente dificultades en el colegio, puede que en casa se enfade de manera desproporcionada, quizás emocionalmente nos parece fuera de control o creamos que cada día está más rebelde… “¿Estará dando la cara algún tipo de trastorno? ¿Será cosa de la edad? Me han dicho que quizás tenga hiperactividad o alguna dificultad parecida…” Pero cuando ahondamos un poco descubrimos que, detrás de todo eso, lo que hay realmente es un niño o un adolescente que no sabe cómo manejar la separación de sus padres.

Lo único que puede hacer es lanzar señales en forma de conflictos y desajustes, para ver si alguien ahí fuera comprende su mensaje: ¡S.O.S! ¡Mis padres se han separado y yo no sé cómo adaptarme a la nueva situación!

No se trata de que no quieran expresarlo en casa, sino de que sienten que “bastante lío hay ya” como para añadir leña al fuego y se lo tragan, aunque esta tensión acabe saliendo por otro lado. Por eso es una buena idea proponerles una persona neutral y fuera del círculo familiar, en el que seguramente todos han tomado partido por alguna de las partes. Se trata de que puedan expresar cómo están viviendo una situación en la que su mundo se tambalea, de ofrecerles algunas pautas, también a los padres y al resto de la familia, que les ayuden realmente. Porque ¿qué nos cuentan ellos sobre la separación de sus padres?

Ø  Suelen quejarse de que no se les han explicado los motivos ni qué es lo que ha pasado… Tienen mil preguntas sin respuestas, pero no se atreven o no saben cómo hacerlas.

Ø  Se sienten solos y les gustaría hablar del tema, pero perciben cómo se crea tensión si sacan un tema que parece tabú…

Ø  Muchos se sienten culpables, sobre todo a cierta edad ¿será que hicieron mal algo, que la separación se debe a que se portaron mal, a sus malas notas…?

Ø  Frecuentemente alimentan la fantasía de que sus padres vuelvan a estar juntos, incluso después un tiempo considerable. Aunque no lo hablen directamente lo alimentan como “su sueño ideal”.

Ø  Se sienten mal cuando uno de los padres habla mal del otro, porque quieren a ambos y les duele escuchar esos comentarios, aunque no se atrevan a decirlo en el momento.

Ø  Viven un conflicto de lealtades: cuando muestran su cariño o las ganas de estar con uno, sienten que están fallando al otro, sobre todo si perciben que “hay dos bandos”.

Ø  A veces se sienten culpables de dejar a uno solo cuando van con el otro, pues asumen inconscientemente una responsabilidad que les viene grande y no es suya.

Ø  Si alguna de las partes se excede transmitiéndoles que ahora “ellos son el centro de su vida”, se encuentran en un lugar que no les corresponde y que no saben manejar.

Por todo esto, es importante que cuando una pareja con hijos se separa, cuide especialmente el impacto que la decisión va a tener en los hijos. Ellos no son la excusa para mantener una relación que no tiene futuro, pero tampoco tendrían que convertirse en un “daño colateral” inevitable. Podemos seguir algunas pautas básicas para que esto no ocurra:

 

ü  En el primer momento de la separación explícales qué va a suceder. Adapta la información a su edad, pero muéstrate dispuesto a responder a sus preguntas y a hablar del tema cuando lo pidan.

ü  Pregúntales de vez en cuando cómo llevan las cuestiones relacionadas con la separación. Ni se trata de que sea “el mono-tema”ni de pasar página rápidamente como si no pasara nada.

ü  Déjales claro que ellos no son los culpables ni los responsables, sino que simplemente la relación ya no funciona, aunque hayáis intentado arreglarlo muchas veces.

ü  Cuida el lenguaje y los comentarios acerca de tu ex­-pareja: aunque hayáis terminado mal, lo mejor para los hijos es estar al margen de vuestras frustraciones y rencores.

ü  Transmite al niño que siga queriendo a ambos y facilítale que pase tiempo con los dos, dile que no te “falla” ni te quiere menos por querer estar también con el otro.

ü  Explícale que estás bien cuando se va con el otro, y que no te sientes solo nite quedas triste, sino que te alegras de que pueda hacer también sus planes con papá o mamá.

Quizás no podamos evitarles a nuestros hijos el mal trago de nuestra separación, y cada uno reaccionará de forma diferente según su edad y su forma de ser, pero podemos hacer mucho para minimizar el impacto.

Incluso aunque su reacción inicial sea de conmoción, tristeza, frustración o enfado, podemos ayudarles a gestionar la situación.

Con un poco de suerte y con algo de ayuda, saldrán de esto más preparados para afrontar el estrés y quizás, en un futuro,se conviertan en adultos más maduros, flexibles y tolerantes.

 

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