El Blog de Happy Change

Un espacio compartido para crecer, mejorar, superarnos y mirar la vida con optimismo. Desde aquí queremos acompañarte en esas situaciones cotidianas que nos invitan a reflexionar y a plantearnos si hay formas diferentes de afrontarlas.

Queremos ayudarte a 'limpiar las gafas de mirar la vida para que entre más luz'. Queremos animarte constantemente: 'Crece, supérate, cree en ti, pon en juego tus posibilidades y, sobre todo, no te olvides de ser feliz'

Otra forma de mirar la vida

2020-02-10 09:36:50
Happy Change Team



Seguramente los niñ@s han sido los grandes protagonistas de estas fiestas navideñas, y hoy de una manera especial. Seamos sinceros: para muchos de los adultos que hoy somos, la Navidad se ha convertido en un tiempo de estrés, de ajetreo, de compromisos, de gastos y de convencionalidades. Con suerte, hemos podido compaginarlas con otros aspectos que equilibren un poco la cosa como la familia y pasar más tiempo con los amigos, o el ocio y el descanso para los que tenemos más suerte. Esas son las Navidades de los adultos, pero hoy te invitamos a que, aprovechando que es el día grande de los niñ@s en estas fechas, hagas memoria y recuperes una mirada retrospectiva en el tiempo:

 

¿Cómo era tu Navidad cuando eras niñ@?

¿Queda algo de todo aquello?

 

Aprovecha este tiempo y este día tan especial para los niñ@s para recuperar “el niñ@ que aún vive dentro de ti”. Todos llevamos dentro el niñ@ que fuimos una vez, da igual que hayan pasado muchos años: en terapia lo llamamos “el niñ@ interior”. Sigue siendo el guardián de nuestros sueños, a los que quizás renunciamos al crecer porque eran una “locura”. Es la parte de nosotr@s que, en algunas ocasiones, experimenta una alegría que nos coge por sorpresa y, como adult@s, no sabemos explicar muy bien a qué se debe. Allí sobrevive una gran capacidad de asombro que ahora nos empeñamos en disfrazar de “yo ya me lo sé todo”.

 

La mayoría de nosotr@s presta poca atención a ese niñ@ intern@ que, por esa razón, se va haciendo cada vez más pequeñ@ y desdibujando, hasta que casi se esfuma. Sin embargo, y por suerte, no desaparece por completo: de hecho, cuando aprendemos a conectar con nuestr@ niñ@ interior descubrimos que tiene regalos maravillosos que hacernos.

 * Representa cualidades del corazón como la espontaneidad, la inocencia, la vulnerabilidad, el amor incondicional, la alegría, el entusiasmo y la vitalidad.

 Personifica los sueños, las ganas de aprender y experimentar cosas nuevas, la curiosidad, la posibilidad de mirar el mundo con esperanza.

 * Es también esa parte de nosotr@s que necesita ser amada, por muy autosuficientes que, como adult@s, aparentemos ser.

Todo proceso de desarrollo y gran parte del trabajo de superación personal pasa por escuchar y atender lo que el niñ@ interior nos dice y pide, pues de eso proceden muchas de nuestras dificultades. Mientras nos empeñemos en mantenerlo encerradito en el sótano de nuestra personalidad, reclama a gritos ser atendid@, se pilla unas rabietas monumentales reclamando la atención que no le prestamos, como cualquier niñ@, lo que nos trae cantidad de problemas. Por eso, aprovechando que para los niñ@s de nuestro alrededor hoy es un día mágico, te invitamos a que atiendas con cariño a tu niñ@ interior:


 * Abraza tu vulnerabilidad:en una sociedad que prioriza la fortaleza, la vulnerabilidad tiene mala prensa porque la asociamos a “debilidad”. Sin embargo “vulnerabilidad” no es sinónimo de “debilidad”: tomar conciencia de tu vulnerabilidad requiere que tengas valor y fortaleza para mirarla y sostenerla sin asustarte. Que reconozcas lo que es evidente y preferimos olvidar: la vulnerabilidad es inseparable de la vida y estar viv@s es ser vulnerables por definición.


Reencuentra tu capacidad de asombro:para los niñ@s todo es nuevo, y cada situación puede ser una aventura y suponer un descubrimiento. Al crecer perdemos esa capacidad de asombro, dejamos de prestar atención a los pequeños detalles y comenzamos a dar todo por sentado. Reencuentra en ti esa capacidad dormida, vuelve a entusiasmarte con las pequeñas cosas y asómbrate ante su belleza ¡Es un camino directo hacia la felicidad!


* Compréndete mejor: deja de mirar continuamente hacia afuera y comienza a mirar hacia dentro, reconectando con tus sueños, necesidades e ilusiones. Date la oportunidad de hacer las paces con tu pasado, sanar las viejas heridas y aprender de los errores cometidos. Seguro que también te encuentras con tus miedos, inseguridades y preocupaciones… ¡Es inevitable! Eso también forma parte de ti y necesita ser escuchado.


Redescubre el placer de jugar: porque el juego no es patrimonio exclusivo de la infancia, sino que nos ayuda a aliviar el estrés y la ansiedad, estimula nuestra la creatividad y genera nuevos patrones de pensamiento. Un estudio de la actividad cerebral realizado con músicos reveló que, cuando improvisaban a modo de juego, la zona de la corteza cerebral relacionada con la planificación y la censura prácticamente se apagaba. Una de las conclusiones fue que cuando jugamos nuestro cerebro permite que fluyan nuevas ideas y nos sentimos más libres.


Lucha por tus sueños: recuerda que los niñ@s pueden llegar a ser muy tozud@s y perseverantes cuando se proponen algo y no es fácil hacerles cambiar de opinión. Esa firmeza y valentía para luchar por lo que quieren, aunque todo esté en su contra, es algo que podemos recuperar: pasa por descubrir nuestras verdaderas necesidades y echarle valor para perseguir nuestros sueños.

 

 

Recupera tus ojos de niñ@ y la maravillosa perspectiva con la que ven el mundo: no hay tabúes, ni estereotipos, ni doble moral. Ninguna de esas cosas que inundan la vida y la visión del mundo adulto.

Mira la vida como un sinfín de oportunidades por venir, en lugar de como una interminable lista de errores y cuentas pendientes.

Como los niñ@s, si te ha ocurrido que en el juego de vivir te tocó perder, no te atasques: sacúdete el polvo y pregunta de nuevo a la vida

¿Ahora a qué jugamos?

Compartir en FaceBook
Compartir con un amigo