El Blog de Happy Change

Un espacio compartido para crecer, mejorar, superarnos y mirar la vida con optimismo. Desde aquí queremos acompañarte en esas situaciones cotidianas que nos invitan a reflexionar y a plantearnos si hay formas diferentes de afrontarlas.

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Una “silla vacía” en Navidad

2020-02-10 09:36:18
Happy Change Team


Por mucho que nos machaquen con luces, escaparates y el decreto ley de que la Navidad es tiempo de felicidad, quizás para alguno de nosotros es imposible. En estos días sentimos un vacío interior al mirar la “silla vacía” de quién este año no se sentará a la mesa como otras veces. Llevamos meses notando su ausencia, y puede que hasta llevándola con cierta dignidad, pero en estas fechas se convierte en un agujero negro que nos succiona sin piedad. Más que “Blanca Navidad”, cantaríamos por los rincones “Negra Navidad” y no estamos para brindis, villancicos ni celebraciones.

Estas fiestas son un verdadero suplicio cuando estamos pasando un duelo que pone en evidencia la contradicción entre lo que “pasa fuera” y “lo que te pasa dentro”: tu vida está “tocada” y puede que hasta “hundida”, mientras fuera la vida sigue y el mundo continúa girando como si tal cosa. La Navidad, con sus “Merry Christmas” insistentes en los escaparates, el abuelo regordete vestido de rojo que ha tomado al asalto los centros comerciales, los árboles vestidos de luces y esa música de cascabeles que parece estar por todas partes, agudizan sin piedad el contraste entre “dentro” y “fuera”. Es un tiempo de verdadero malabarismo emocional del que, a ratos, nos sentimos incapaces. Puede que tengamos la tentación de “saltárnoslas” o de desaparecer del mapa:

“Este año prefiero ni enterarme de las fiestas. Me quedo en casita, declino las invitaciones bienintencionadas y me meto en la cama lo antes posible, que mañana será otro día…”

Aislarnos y evadirnos con un calendario alternativo hecho a la medida sin la hoja de diciembre, no funciona: sólo es un alivio pasajero. En algún momento tendrás que pasar por ésta y otras situaciones, en las que la ausencia se impone y duele. Pues adelante…. Te toca este año ir contra corriente y no ser la encarnación de la alegría: estás triste, te duele el alma, sientes la ausencia y te falta alguien ¡No pasa nada! Que no te entre el complejo de espachurrafiestas, porque estás en todo tu derecho: prohibírtelo no va a aliviarte, sino que lo agudizará y retrasará todo el proceso.


No se trata de echar sal a la herida, propia o ajena, ni de amargar las fiestas a todo bicho viviente alrededor, pero ponerte la sonrisa falsa y pretender que “no pasa nada” tampoco ayuda en absoluto: se trata de reconocer lo que sientes y hacer lo que esté en tu mano para gestionarlo lo mejor posible. Es normal y saludable experimentar tristeza porque “nos falta alguien” en estas fechas. Sí, sí… “saludable…”: “¡Pero si duele…!” Ya, claro, pero es que resulta que sentir “lo que sea” siempre es saludable, mucho mejor que negar lo que hay o anestesiarse para no sentirlo. Otra cosa es cómo hacemos para sobrellevarlo, expresarlo y superarlo. Si esta Navidad te toca vivir desde esa ausencia que te parte el alma, ten en cuenta estas sugerencias, seguro que te ayudan:

  • Acepta que esta Navidad “te falta alguien”, pero intenta redirigir tu recuerdo más que hacia su ausencia hacia la gratitud por lo que viviste a su lado: deja que junto al dolor y la ausencia se hagan un hueco la gratitud y la sonrisa.
  • Vive la ausencia con naturalidad, no hagas como si nada hubiera pasado. Puedes recordar con los tuyos a esa persona que se ha ido contando anécdotas o episodios señalados de su vida, aunque se escape alguna lagrimita ¡Llorar es natural y ablanda el alma!
  • Haz algún pequeño gesto especial, público o privado, para con esa persona: un brindis agradecido en una reunión, un adorno dedicado en el árbol o el belén, quizás una flor ante esa foto que miras a todas horas sin poder evitarlo. No tengas prisa por tapar su hueco o ignorarlo, todo lo contrario: hónralo con un gesto de gratitud.
  • Esta Navidad es diferente, así que anímate a incorporar algún ritual nuevo en ella. El factor sorpresa que acompaña todo “estreno” que se precie, capta la atención de todos y, durante ese momento, no estaréis atrapados en el dolor de la ausencia.
  • Permítete disfrutar la Navidad: estás triste por tu pérdida pero la tristeza, como todas las emociones, va y viene ¡No la conviertas en tu estado permanente ni en “lealtad” hacia quien no está! Puedes sonreír sin culpabilidad porque eso no significa que le quieras menos o que le hayas olvidado. Piensa en cómo le gustaría a esa persona verte ¿Triste o alegre?
  • Sé agradecido por los que aún están: sería una pena que no aprovecharas estos maravillosos instantes en los que todavía están contigo, y te lamentaras cuando partan por no haberles dicho “te quiero”, cuidado y sonreído cuando aún podías.
  • Intenta no comparar estas Navidades con otras y procura que la nostalgia no te secuestre ¿Sabías que “nostalgia” es una palabra derivada del griego a partir de nostos, regreso, y algia, dolor? Podríamos traducirla por “el dolor por el regreso que no puede producirse”. Pues eso: recuerda que la comparación lleva a la nostalgia, y la nostalgia a ningún sitio.

Y, sobre todo, sé amable contigo:

  • Respeta tus sentimientos, aunque te parezca que no son muy “navideños”.
  • Protégete de las situaciones que, de momento, te sientes incapaz de abordar.
  • Ejercita tu derecho a decir “no” a los saraos navideños que este año te parezcan inasumibles.
  • Procura rodearte de personas que te quieren, que te permiten expresarte con libertad y a las que, llegado el caso, puedas pedir ayuda.

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